El primer Derby se corrió en 1885 y fue ganado por "Cachapoal", un caballo colorado que descendía de "Stockwell", llamado "El Emperador de los Padrillos". Dos años más tarde, la gran carrera fue ganada por "Wanderer", y quienes me conocen comprenderán si digo que siento no haber estado ahí ese día.

La exposición, abierta hasta el 20 de este mes, reúne óleos de Patricio Caldera y Cecilia Villarroel, dos artistas que pintaron sus obras sobre la base de viejas fotografías que les proporcionó el propio Sporting. Uno de los cuadros muestra a una pareja de carabineros, montados a caballo y luciendo chaquetas blancas, mientras patrullan el día del Derby de 1950, en medio de humildes carpas levantadas con sábanas y ramas de eucaliptos. Otro muestra al notable "Cencerro" ganando el Derby de 1963. En el de más allá hay tres mujeres adultas, dos jóvenes y un niño, de espaldas al artista, montadas sobre una palizada y con atuendos del siglo XIX. Y en un lugar bien destacado, una multitud de sombreros en el Derby de 1940. Muy lograda, asimismo, es la imagen de Jorge Alessandri llegando al Derby en momentos que era Presidente.

En un gesto típico suyo, se le ve saludando con la mano derecha en alto, mientras con la otra sostiene su sombrero.

Mientras recorro esas obras, encuentro a Felipe Mercadal, autor de las más logradas metáforas visuales de las coloridas imágenes que podemos retener cuando fijamos la vista en la bahía de Valparaíso. Sorprendido por mi presencia allí, tengo que explicarle mi vieja afición hípica y mi desempeño como juez árbitro del Sporting. Ríe de buena gana y nos entregamos a una conversación sobre arte, durante la cual lo que hago es más bien escuchar. "Lo que pasa -dice Mercadal- es que en Chile el arte tiene hoy más ingenio que fundamento". Y yo me entusiasmo para acotar que expresar algo en un espacio de arte -por ejemplo, un sala de exposiciones o el escenario de un teatro- no constituye arte por ese solo hecho. Se requiere algo más que un afán expresivo. Y el artista menciona la palabra adecuada: "Se necesita misterio".

En pocas semanas se correrá nuevamente el Derby, una carrera que congrega a miles de personas, y que, a decir verdad, es algo más que una carrera. Es una fiesta hípica de por lo menos 22 pruebas que empiezan a disputarse, durante 12 horas ininterrumpidas, desde las once de la mañana. Parte del público se instala en el recinto desde el atardecer del día anterior, y siempre he hallado placer en recorrer la cancha del Sporting en ese momento de los preparativos. Mientras levanta sus carpas, ahora más firmes, más profesionales, el público conversa entre sí. Se hacen las primeras fogatas y se instalan teteras, ollas y parrillas. Las mujeres pelan tomates, frutas, cebollas, y entre los varones empieza a correr la cerveza. Aparatos de radio sintonizados bien alto amenizan la jornada y el graznido de los queltehues apenas desaparece merced al vocerío de los niños que corren por el lugar. Entretanto, y a escasos metros, los caballos que disputarán las carreras del día siguiente dormitan en silencio.

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